Yoon Se-ri era la actriz del momento: portadas, contratos, millones de seguidores. También tenía un problema que no salía en las revistas: cartas amenazantes que llegaban cada semana, cada vez más cerca, cada vez con más detalles de su vida privada.
La agencia impuso la solución: un guardaespaldas personal, día y noche. El elegido fue Jung Hae-jin, exmilitar, récord impecable… y la calidez de una pared de concreto.
—Regla uno: no me hable si no es necesario —dijo el primer día.
—Encantada también —respondió ella.
🧊 El hombre que lo sabía todo
Con los días, Se-ri empezó a notar cosas extrañas. Hae-jin sabía que ella era alérgica a las nueces sin que nadie se lo dijera. Sabía que odiaba los pasillos oscuros. Sabía que los jueves —solo los jueves— ella visitaba en secreto un hospital infantil y leía cuentos con una peluca ridícula para que nadie la reconociera.
—¿Usted me investigó a mí también, o solo a los malos? —le preguntó una noche.
Él tardó en responder.
—A usted la conozco desde antes de este trabajo, señorita. Pero ese no es un tema profesional.
🎭 La noche del evento
La noche de la gala benéfica, entre flashes y sonrisas de compromiso, una de las cartas dejó de ser carta. Alguien del público se levantó con algo brillando en la mano. El salón entero recuerda un grito, un estrépito de copas… y a Hae-jin interponiéndose como un muro, cayendo con Se-ri entre los brazos, ilesa, mientras la seguridad reducía al atacante.
En la ambulancia, con el hombro vendado, él por fin pareció humano: cansado, pálido… y sonriendo un poquito.
—Segunda vez que la saco de un problema, actriz.
—¿Segunda?
🚑 El recuerdo de hace doce años
Él le contó entonces la historia. Doce años atrás, una estudiante de teatro sin un peso quedó atrapada de noche en una estación rural durante una tormenta, con un tipo siguiéndola. Un cadete militar de paso la acompañó tres horas, bajo la lluvia, hasta que llegó el primer tren. Ella, agradecida, le regaló lo único que llevaba: un llavero barato de estrella.
Hae-jin metió la mano en su bolsillo y sacó, gastado por los años, ese mismo llavero.
—Nunca supe su nombre —dijo—. Hasta que vi su expediente en este trabajo… y la estrella en su foto de la infancia.
Pero antes de que Se-ri pudiera decir algo, el teléfono de Hae-jin vibró con un mensaje de la agencia: habían identificado al autor de las amenazas. Y no era un fan obsesionado. Era alguien del círculo íntimo de la actriz.
El nombre que decía ese mensaje la dejó helada. Lo contamos en la siguiente historia… 👀
💜 Si te gustan los K-dramas doblados al español, guarda esta página: aquí la historia siempre continúa.