📻

A medianoche, una radio que no existe leía cartas escritas por su “yo” del futuro

Chae-won descubrió la emisora por accidente: de madrugada, manejando de vuelta a Seúl tras visitar la tumba de su madre, la radio del carro perdió la señal… y en el silencio apareció una voz suave:

—Esto es Radio Medianoche. Y esta carta es para ti, Chae-won. Firmada: tú, dentro de diez años.

La carta sabía todo: el examen que reprobó y le escondió a todos, la deuda del carro, el nombre del bebé que su mejor amiga aún no le contaba a nadie. Chae-won llegó a su casa temblando y con una sola certeza: al día siguiente, pasara lo que pasara, volvería a sintonizar a las 12 en punto.

📻 Siete cartas, siete decisiones

La voz nunca daba órdenes. Solo contaba escenas: “Mañana te van a ofrecer un trabajo. Suena mal. Tómalo: en esa oficina hay una persona que un día te va a salvar”. “El sábado, usa el vestido azul. Confía.”. Chae-won, incrédula al principio, empezó a seguir las pistas… y el rompecabezas de su vida, desordenado desde la muerte de su madre, empezó a armarse pieza a pieza.

Hasta la séptima carta. Esa noche, la voz sonó distinta. Más baja. Más triste.

—Esta es la última carta, Chae-won. Mañana conocerás al hombre de la voz que te ha acompañado… y también sabrás por qué dentro de diez años ya no puedo escribirte.

🎙️ La cabina abandonada

Siguiendo las coordenadas que la voz dictó entre líneas, Chae-won llegó a una estación de radio abandonada en las afueras. La puerta estaba entreabierta. Adentro, polvo, discos viejos… y una cabina con la luz encendida. Un hombre dormía sobre la consola, con unos audífonos puestos y una libreta llena de cartas abiertas frente a él.

Chae-won reconoció la letra de la libreta antes de verle la cara. Era su letra. Era su misma letra, renglón por renglón.

El hombre despertó sobresaltado.

—No deberías estar aquí todavía —dijo—. Faltan… faltan años para que nos conozcamos.

⏳ Lo que él no quería contarle

Se llamaba I-jun. Y su historia era imposible: él no venía del futuro. Él vivía en el mismo presente, pero soñaba —cada noche, con lujo de detalles— la vida de una mujer dentro de diez años, y se levantaba a escribir lo soñado, carta por carta, en aquella cabina que había heredado de su abuelo locutor.

—Nunca quise usar la emisora —confesó—. Pero soñé tu accidente. El de mañana. Y fue la única forma de avisarte a tiempo.

Chae-won sintió que la habitación se inclinaba.

—¿Qué accidente? —preguntó.

I-jun bajó la mirada hacia la última carta de la libreta. La que nunca leyó al aire. La que terminaba con una sola línea, subrayada dos veces.

Esa línea es el principio de todo. Y te la leo en la próxima entrada… 👀

💜 Si te gustan los K-dramas doblados al español, guarda esta página: aquí la historia siempre continúa.

📘 Compartir 💬 WhatsApp
← Historia anterior

💜 Sigue leyendo, te van a encantar