So-hee vendía flores en la esquina del hospital universitario. Conocía a todo el mundo: las enfermeras que compraban para los pacientes sin familia, los esposos apurados que olvidaban los aniversarios, y al doctor Seo Ji-hwan —cirujano brillante, trato glacial—, que cada viernes a las 6 en punto hacía algo que nadie entendía:
Escogía el ramo más feo del puesto. El de las flores cansadas, el que nadie quería. Y pagaba el doble.
—Doctor, ese ramo ya está para la basura —le dijo So-hee un día, incapaz de aguantarse más.
—Por eso lo compro —respondió él, sin mirarla—. Hay cosas que merecen que alguien las elija aunque ya nadie las mire.
💐 La investigación de So-hee
La curiosidad es mala consejera, pero excelente vendedora de flores. So-hee empezó a seguir el rastro de los ramos feos: una enfermera le contó que terminaban siempre en la misma habitación, la 704, donde llevaba meses internada una paciente muy mayor que no recibía visitas de nadie más.
—Dicen que el doctor Seo paga su tratamiento de su bolsillo —susurró la enfermera—. Y que la señora fue su maestra de primaria. La que juntaba monedas para que el niño huérfano del barrio pudiera estudiar medicina.
Esa semana, So-hee hizo algo prohibido en su propio negocio: preparó el ramo más bonito del puesto, con sus mejores flores… y lo apartó para el viernes, decidida a regalárselo “por error” al doctor.
🏥 La habitación 704
El viernes llovió. Y el doctor no apareció a las 6, ni a las 7. So-hee, con el ramo bonito empapándose bajo su sombrilla, tomó la decisión que se había prometido no tomar nunca: entró al hospital y subió a la habitación 704.
La maestra estaba despierta. Al ver las flores, sonrió con una lucidez que desarmaba:
—Ji-hwan manda a decir que hoy no viene, ¿verdad? Ese niño… cuando algo le duele, se esconde a operar. Vaya a buscarlo usted, que a mí ya me queda poco y quiero verlo acompañado antes de irme.
🌧️ Lo que el doctor escondía
So-hee lo encontró en la terraza del hospital, bajo la lluvia, con el uniforme de cirugía y un sobre arrugado en el puño: los resultados de la maestra. Los últimos. Los que decían que ya no había tratamiento posible, solo tiempo. Poco.
—Yo salvo vidas todos los días —dijo él, sin volverse, con la voz rota—. Y a la única persona que me dio una vida… no la puedo salvar.
So-hee abrió su sombrilla sobre los dos. Y esa noche, en vez de irse a casa, se quedó con él planeando algo: si la maestra iba a despedirse, se despediría rodeada de flores, de exalumnos, de cartas y de toda la gratitud que había sembrado en cuarenta años. Tenían exactamente nueve días.
El plan de esos nueve días hizo llorar a todo el hospital… y apenas empieza. Te lo cuento en la próxima 👀
💜 Si te gustan los K-dramas doblados al español, guarda esta página: aquí la historia siempre continúa.