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Se casó por contrato con el CEO más frío de Seúl… y la primera cláusula era NO enamorarse

Ji-woo tenía exactamente tres problemas: una deuda que no era suya, un casero que tocaba la puerta todos los días y un currículum que nadie leía. Lo que no tenía era miedo. Por eso, cuando el abogado de la familia Kang la citó en una oficina más alta que las nubes, ella fue con su mejor blusa y el corazón en la mano.

—Necesitamos que se case con el director Kang Do-hyun —dijo el abogado, como quien pide un café—. Será un matrimonio de un año. Todo por contrato. Todo pagado.

Ji-woo se rio. Después vio la cifra. Y dejó de reírse.

❄️ El hombre que nunca sonreía

Do-hyun era el CEO más temido de Seúl. Treinta y dos años, trajes perfectos, y una mirada capaz de congelar una sala de juntas entera. Su abuelo, el presidente del grupo, había dejado una condición para heredar la empresa: casarse antes de cumplir los treinta y tres… y mantener ese matrimonio durante un año completo.

—Hay tres reglas —dijo Do-hyun en su primer encuentro, sin siquiera mirarla—. Uno: en público, somos una pareja enamorada. Dos: en privado, cada quien su vida. Tres: está prohibido enamorarse.

—Eso va a ser facilísimo —respondió Ji-woo—, usted no es mi tipo.

Fue la primera vez en años que alguien vio al director Kang quedarse sin palabras.

💍 La boda que salió en todos los noticieros

La boda fue de cuento: flores blancas, cámaras, y media ciudad preguntándose quién era la misteriosa novia. Ji-woo sonrió en todas las fotos mientras por dentro repetía: solo es un trabajo, solo es un trabajo.

Pero esa noche, al llegar a la casa nueva, encontró algo que no estaba en ningún contrato: una habitación preparada con sus cosas favoritas. Sus libros. Su té. Incluso la manta fea y vieja de su abuela, que alguien había rescatado de su antiguo apartamento.

—¿Quién hizo esto? —preguntó.

—El personal —dijo Do-hyun, demasiado rápido, mirando hacia otro lado.

🔥 La cláusula que ella no leyó

Los meses pasaron entre cenas fingidas, manos tomadas para las cámaras… y momentos que no estaban en el guion. Él empezó a esperarla para cenar. Ella empezó a notarlo. Y la regla número tres empezó a romperse en silencio, pedacito a pedacito.

Hasta que una tarde, ordenando el estudio, Ji-woo encontró su copia del contrato. Leyó la primera página. La segunda. Y al llegar a la última, la que firmó sin mirar aquel primer día, se le cayó el alma a los pies:

«Cláusula final: si al terminar el año alguna de las dos partes se ha enamorado de verdad, el contrato se anula… y la parte que se enamoró pierde todo.»

En ese momento sonó la puerta. Era Do-hyun. Y en la mano traía dos tazas de té. El té favorito de ella.

¿Adivinas qué hizo Ji-woo con esa página? La historia continúa en la siguiente entrada… 👀

💜 Si te gustan los K-dramas doblados al español, guarda esta página: aquí la historia siempre continúa.

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