Desde los quince años, la noche antes de cada cumpleaños, Yun-a tenía el mismo sueño: lluvia sobre una calle de Seúl, un paraguas rojo, y un hombre de espaldas que, justo antes de voltear, susurraba: “Todavía no. Pero ya casi”.
Sus amigas se reían. Su mamá le decía que era de tanto ver dramas. Pero a los veintiocho, con un trabajo que no la llenaba y un corazón que tampoco, Yun-a hizo algo que ni ella se supo explicar: gastó sus ahorros en un boleto a Seúl. Sola. Por una semana. “A buscar nada”, les dijo a todos.
🌧️ Lluvia el primer día
Llegó un martes. Y —como no podía ser de otra forma— llovía. Yun-a salió de la estación sin paraguas, arrastrando la maleta, riéndose de su propia suerte… cuando una voz, detrás de ella, hizo que se le helara la sangre:
—Si sigues así, te vas a enfermar el primer día. Como siempre.
Se giró despacio. Un hombre sostenía sobre ella un paraguas. Un paraguas rojo.
🧵 El hilo que ninguno de los dos cortó
Se llamaba Woo-jin. Era guía turístico, tenía la sonrisa tranquila y una costumbre extraña: cada año, la misma semana, soñaba con una muchacha desconocida que lloraba en una calle con lluvia. Por eso, cada año, salía esos días con un paraguas rojo “por si acaso”.
—Creí que estaba loco —le confesó, caminando junto a ella por las calles mojadas—. Mi abuela dice que hay personas unidas por un hilo invisible. Que los sueños son el hilo tirando de los dos extremos.
Durante seis días, Woo-jin fue su guía “improvisado”. Seúl les quedó pequeño: mercados, cafés escondidos, un puente al atardecer. Y la sensación, cada vez más fuerte, de estarse reencontrando en vez de conociendo.
✈️ La última noche y la foto vieja
La noche antes del regreso, la abuela de Woo-jin los invitó a cenar. La anciana miró a Yun-a largamente, se levantó sin decir nada y volvió con un álbum de fotos descolorido. Lo abrió en una página marcada… y Yun-a sintió que el piso se movía.
Era una foto de hacía cincuenta años: una joven idéntica a ella, bajo la lluvia, junto a un muchacho idéntico a Woo-jin, con un paraguas rojo. Al reverso, una fecha y dos nombres escritos a mano.
—Abuela… —dijo Woo-jin, pálido—. ¿Quiénes son?
La anciana sonrió con los ojos llenos de lágrimas:
—Esa es la historia que tu abuelo nunca pudo terminar. Y parece que el destino acaba de traer a quien la va a terminar.
Mañana Yun-a tenía que volar de regreso… La decisión que tomó esa noche te la cuento en la próxima entrada 👀
💜 Si te gustan los K-dramas doblados al español, guarda esta página: aquí la historia siempre continúa.